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Comercios 24 horas: Hablemos de rentabilidad

POR RUTH DE LA ROSA Y GIULIANA IPPOLITI

Barcelona es una ciudad turística, Ciutat Vella, Eixample y Sant Martí son distritos que se mueven al ritmo frenético de cientos de personas que llegan buscando el arte de Gaudí y Picasso, la magia de Messi, buena gastronomía y noches de fiesta. Pero Barcelona también es una ciudad tranquila, Nou barris, Sant Anderu y Sarria, se mueven al ritmo de su gente trabajadora, que usualmente se va a la cama temprano.

Esta dualidad genera suspicacia en el concepto de comercios 24 horas que se ha venido multiplicando durante estos últimos años. En víspera de madrugada se pueden ver las puertas abiertas de los “supermercat” pakistaníes, gimnasios, panaderías, cafés, entre otros. Un concepto “nuevo”, que aún no se adapta a la ciudad, o viceversa.

En el caso de los supermercados pakistaníes, el cambio de horario surgió para hacer frente a la crisis económica que empezó en 2007. Algunos se vieron obligados a extender el horario laboral en un intento por generar más ventas. ¿Pero les funciona realmente? Juguemos un poco.

Imagina que tienes una fiesta en casa esta noche. Te pasaste la mayor parte del día trabajando, cuando finalmente reconoces que es demasiado tarde para hacer las compras del evento. Vas a la tienda 24 horas del “paki” que está en la esquina y asunto resuelto.

Ahora que le ganaste una a Murphy, puedes sentirte bien. La tienda del “paki” que está abierta las 24 horas es un beneficio para ti. Pero la verdad es que para ellos no representa rentabilidad. Los artículos que comercializan durante el horario no convencional son de último momento y el número de clientes no es deslumbrante. En todo caso, las ventas dependen de la zona, no es lo mismo Liceu que El Clot.

Sin embargo, hay que resaltar la voluntad de esta comunidad, quienes en la adversidad se motivaron a trabajar durante más horas, aunque este esfuerzo mínimamente les alcanzara para el pago de los servicios de su local. Caso contrario al de muchos otros comerciantes, que aún en crisis cerraban las puertas en el horario habitual.

El caso de los gimnasios 24 horas es diferente, se trata de emprendimiento. La presentación de modelo de negocios que se propone romper los paradigmas del lado no turístico de la ciudad. Que pretende invitar a innovar a la población. Con estos gimnasios la excusa de no tener tiempo para ejercitarse queda desmontada. Están también las panaderías 24 horas, visitadas por policías de turno y trabajadores nocturnos, sus ganancias no son muchas, pero sus competidores tampoco.

El 24 horas es un movimiento emprendedor, que enfrenta la crisis con una solución. Sus propulsores se han arriesgado y los resultados se verán a mediano y largo plazo. Los detractores creen que Barcelona no está preparada para este modelo de negocios tan poco rentable a corto plazo y creen que brinda un tipo de “nueva” explotación a los empleados que están obligados a permanecer en el puesto de trabajo independientemente de la afluencia.

Pero las crisis hay que enfrentarlas con propuestas, no con objeciones. Y los 24 horas son al menos un paso hacia adelante.

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